No se deje intimidar.
Una idea, cuando nace, necesita ser defendida.
No se nace equivocado: a lo sumo se llega a estarlo.
Lo mismo ocurre con las ideas: necesitan cuidados, necesitan ser alimentadas, como un ser vivo.
Las ideas nos imitan.
Se comportan como nosotros.
Las ideas somos nosotros.
La mayoría de las veces, una idea sólo se considera buena cuando se ha demostrado que funciona en la realidad.
Pero una idea no es la realidad, igual que un mapa no es un territorio.
Su realización es, por tanto, el desarrollo natural de la idea: el hacer, el gestus.
Y, después de realizarla, hay que limpiarla y traerla al mundo.
No podemos saber cómo irá en la fase de gestación; sólo podemos sentir.
Sentir que hay algo dentro de nosotros que tiembla, que brilla.
Una chispa.
Soplar esa chispa con la belleza del conocimiento.
Haz que sea un reflejo de tu alma, de ti.
Roba de los mejores, copia, sigue el ritmo del momento.
Estudia lo que te rodea, descompone los átomos en palabras, las palabras en ecos de emociones que viajan dentro de ti.
La emoción no está en un cajón: está contigo, dentro de ti, ahí.
Justo ahí.
Y, como tú, millones de personas más la sienten.
Las emociones nos unen bajo una misma bandera, la del misterio.
Todos caminamos hacia un destino desconocido.
Rara vez pienso en el pasado.
Tengo la sensación de que no sirve de nada, de que me ata a algo que no existe.
Sin embargo, el hecho de que siempre tenga esta sensación es quizá la prueba más clara de que hay algo de lo que no puedo desprenderme.
Una parte de mí siempre se distancia lo suficiente para evitar el sufrimiento.
El miedo a sufrir.
¿Usted también lo tiene?
No hablo del dolor de un pinchazo o una caída: hablo de la sensación de que si das un paso más, el regreso, si es que lo hay, será con el corazón roto.
En mi vida nunca me he roto nada, ni una fractura.
Mis huesos son de titanio.
Quizá por eso tengo un corazón de cristal, porque mi armadura es mejor que la de los Caballeros del Zodiaco.
"Corazón de cristal" es una expresión que también utilizo en El laberinto de la esperanza.
Lo interesante es que no la utilizo para un personaje, sino para varios.
Quién sabe, quizá para todos.
Escribo este diario para calentar motores.
He terminado de escribir el tercer volumen.
Tras algunos comentarios de los lectores beta, cambié el final del segundo volumen, pero eso es normal: la saga se está escribiendo, y eso significa cambiar cosas importantes: direcciones, finales, acontecimientos.
Afortunadamente, el faro que me ilumina en este viaje es tan brillante como la luna.
O tal vez sea la propia luna.