La primera vez que fui a Lucca Comics fue por la película de Genovese "Superhéroes".
Yo no lo sabía.
Tenía que rodar una escena en el Lucca Comics, una gigantesca feria de cómics, manga y ahora videojuegos: los lugares donde ves otaku, Naruto, Ero Sennin, Dragon Ball.
En resumen, allí fue donde rodé la escena.
Mientras los dibujantes de verdad firmaban ejemplares delante de mí, yo estaba detrás, y tuve la suerte de ver lo que hacen mientras esperan para firmar otro ejemplar: dibujan. Tienen sus libretas y dibujan.
Lo sorprendente fue cuando el autor que tenía delante abrió su cuaderno y se detuvo en una página.
Era una anatomía.
No recuerdo qué parte del cuerpo, pero no era estilo cómic. Sino clásica.
Mi ojo inexperto se asombró del detalle del dibujo. Una precisión loca con el lápiz. Podía sentir la fina textura de los músculos, las venas. Pero lo dibujó.
Mi primera reacción fue pensar: '¡Pero no, qué haces! Estás loco Te arriesgas a estropearlo todo'. Es el clásico error: ¡uno continúa cuando debería parar!"
Pero entonces... estaba rodando la película. Así que, de vez en cuando, tenía que ver si en medio del caos total de Lucca Comics alguien me necesitaba.
No te lo he dicho, pero el plató -que ya es un caos de por sí- si lo pones en medio de una feria nacional llena de otros creativos, salen fuegos artificiales.
Así que miro a mi alrededor, todavía estoy libre, y vuelvo con el autor para ver el lío que ha montado.
Seguía dibujando sobre el boceto de antes.
Lo tapaba con el hombro, no podía ver bien.
Luego se apartó un momento y, apoyando la espalda en la silla, me permitió ver bien su dibujo.
Era mejor que antes. Aún más detalle, aún más verdad.
Y continuó.
Continuó.
El arte, la técnica, es una lupa sobre la realidad. Quien la usa, quien la practica, ve pelos en los huevos, rompe piedras con el pensamiento, tiene un superpoder.
El de avanzar.
Llega un momento, creo que para todos, en que elegimos un camino. Diferente del que todos han pensado para nosotros. Incluso diferente del que siempre hemos pensado.
En ese momento, quizá una brújula sea la respuesta a esa pregunta: "¿Esta elección me permite dibujar mejor la realidad?"
Como aquel dibujante que mejoraba de golpe en golpe, teniendo la capacidad de volver una vez, diez veces, mil veces a un golpe,
una palabra,
una expresión,
un tono,
una nota.
Hasta que toda nuestra vida no sea más que
una nota,
un tono,
una expresión,
una palabra,
un trazo.
Una señal.