Hay una teoría fascinante sobre Miguel Ángel y la Capilla Sixtina, una imagen que me impactó cuando la vi: lo divino como conciencia, como voz interior.
La Creación de Adán, uno de los frescos de la Capilla Sixtina, fue pintada por Miguel Ángel entre 1508 y 1512. Es una de las obras más famosas del mundo, creada en el corazón del Vaticano, cuna de la religión católica.
Un día, mientras rondaba por los foros para estudiar a uno de sus contemporáneos, Rafael, a quien interpreté en Rafael, Príncipe de las Artes, me topé con una imagen que me estremeció hasta la médula. Si estáis en Spotify, os invito a verla en el sitio, ya que describirla es realmente complejo, pero lo intentaré.
Como sabéis, en el fresco, Miguel Ángel pinta el momento previo al toque divino que dio la vida a Adán. De hecho, si te fijas en la mirada del hombre, es inexpresiva, sin vida. Su dedo está doblado hacia abajo, como si no estuviera movido por una energía propia. Arriba, en el cielo, se acerca la figura de un hombre barbudo, rodeado de querubines y ángeles, envuelto en un gran manto rojo. Es Dios, que está a punto de dar la chispa de la vida al hombre.
Pero lo que me dejó literalmente con la boca abierta fue lo que la imagen mostraba a su lado: una sección del cerebro humano que, superpuesta a la gran capa divina, parece idéntica.
A Miguel Ángel, ya se sabe, como a Leonardo y otros del Renacimiento, le encantaba diseccionar cuerpos y cadáveres para estudiar anatomía. Este parecido, en mi opinión, no es casual. Un artista de su calibre no hacía nada por casualidad. Cada detalle, incluso un dedo, estaba pensado. Y mucho menos la representación de Dios en el corazón de la Santa Sede.
Entonces, ¿qué significa? ¿Qué quiso decir Miguel Ángel con este fresco?
Dejo las interpretaciones para usted. Lo que importa, en este caso, es el increíble poder de un mensaje que ha trascendido literalmente el tiempo. Somos una sociedad evolucionada, en la que la sección del cerebro es reconocible para casi todo el mundo. Y, por tanto, nos resulta más fácil ver lo que el artista ha creado. En aquella época, muy poca gente sabía cómo era un cerebro. Muy poca. Por tanto, cabe suponer que el mensaje era, en cierto modo, secreto.
¿Recuerdan cuando les hablé del artista que trasciende el tiempo porque su genio sólo emerge en el momento en que los ojos humanos son capaces de percibirlo? Para mí, éste es un claro ejemplo.
Tengo curiosidad por conocer vuestras interpretaciones, os espero en los comentarios.